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Impresión 3D de alimentos: la innovación mexicana que podría transformar la nutrición

Durante décadas, la idea de imprimir comida parecía cosa de ciencia ficción o caricaturas: una máquina en la cocina capaz de servir platos instantáneos para toda la familia. Hoy, laboratorios mexicanos están acercando esa fantasía a la realidad, aunque el camino es mucho más complejo y desafiante de lo que imaginamos. Investigadores nacionales están integrando inteligencia artificial, robótica y conocimiento tradicional para crear alimentos personalizados que atiendan necesidades concretas de salud y nutrición, especialmente en niños y adultos mayores.

La tecnología detrás de la impresión de alimentos no es sólo un avance llamativo; responde a retos muy reales. Por ejemplo, la malnutrición infantil y las dificultades de deglución en adultos mayores. Viridiana Tejada y Rubén Maldonado, investigadores del Tec de Monterrey, han desarrollado métodos para imprimir alimentos ricos en proteínas, fibra, hierro y vitamina C. Utilizan ingredientes como harina de insecto, cáscara de naranja, hojas de amaranto y guayaba, pero el verdadero reto no es solo combinar estos nutrientes, sino lograr que puedan ser impresos y consumidos con agrado, especialmente por los niños.

En palabras de los propios investigadores, el proceso se parece al uso de un tubo de pasta de dientes: si se aprieta poco, no sale nada; si se aprieta demasiado, se desmorona. El objetivo es lograr una textura y forma atractivas —como un carrito o un personaje favorito— para que nutrirse sea no solo saludable, sino también divertido y aceptado socialmente. La investigación de Tejada fue recientemente reconocida con el premio Rómulo Garza 2026, destacando su potencial para transformar la alimentación en comunidades vulnerables.

En paralelo, Zaira Yunuen García Carvajal, del Ciatej en Jalisco, se ha enfocado en el desarrollo de alimentos impresos para adultos mayores que enfrentan dificultades al masticar o tragar. Ha creado gelatinas, chocolates y betunes que mantienen su forma tras ser impresos y que integran ingredientes funcionales como probióticos y prebióticos. El secreto radica en seleccionar ingredientes que gelifiquen sin perder sus propiedades nutricionales, permitiendo así que la experiencia de comer sea segura y agradable, aún en condiciones de salud delicadas.

Estas innovaciones se prueban en simuladores digestivos desarrollados por Marisela González Ávila, también del Ciatej. Sus experimentos permiten saber si los nutrientes realmente se absorben tras pasar por el proceso digestivo, algo fundamental porque no todo lo que se etiqueta como saludable es necesariamente útil para el cuerpo. El simulador incluso toma en cuenta la cadencia de la alimentación —el ritmo real en que comemos— para ajustar los resultados a diferentes grupos de población, desde bebés hasta personas con condiciones metabólicas especiales.

Por su parte, Raquel Zúñiga, del ITESO, ha entrenado algoritmos de inteligencia artificial para rediseñar bebidas usando ingredientes mexicanos como epazote y amaranto. Sin embargo, uno de los principales desafíos ha sido que la mayoría de las bases de datos y patrones alimenticios están basados en productos extranjeros, lo que obliga a adaptar la tecnología a la riqueza y particularidad de la dieta nacional.

Estas investigaciones muestran que la alimentación del futuro en México no se logrará simplemente presionando un botón, como en Los Supersónicos. Requiere trabajo en equipo, conocimiento científico, respeto por los ingredientes locales y, sobre todo, paciencia para probar, ajustar y volver a empezar. A pesar de los avances tecnológicos, la meta sigue siendo esencial: que cada mexicano pueda acceder a una alimentación saludable, práctica y culturalmente relevante.

Con la impresión 3D de alimentos, México no solo se suma a la vanguardia tecnológica, sino que lo hace a partir de sus propias raíces, ingredientes y necesidades.

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