El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, fue ratificado de forma unánime como candidato presidencial de su partido, Nuevas Ideas, para las elecciones generales que se celebrarán en febrero de 2027. Así lo anunció el domingo el conglomerado oficialista, confirmando que Bukele y el vicepresidente Félix Ulloa repetirán fórmula presidencial por tercera ocasión consecutiva.
Bukele, quien llegó al poder en 2019 y actualmente cumple su segundo mandato, ha consolidado su liderazgo político tras una serie de reformas legales que han generado polémica. En diciembre pasado, el mandatario expresó su disposición a permanecer en el cargo hasta por una década más, una posibilidad que ahora parece más cercana tras las modificaciones constitucionales aprobadas en julio de 2025.
En esa fecha, el Congreso, dominado por la mayoría oficialista, aprobó una enmienda que recortó el periodo presidencial a tres años para el mandato iniciado en 2024. Esta medida permitirá que, en caso de ser reelegido en 2027, Bukele gobierne un periodo de seis años en lugar de cinco, extendiendo su mandato hasta el 31 de mayo de 2033. Además, se eliminó el límite constitucional que impedía la reelección indefinida, abriendo la puerta a que pueda mantenerse en el poder más allá de los términos tradicionales.
El respaldo popular hacia Bukele sigue siendo alto, impulsado en gran medida por la política de régimen de excepción implementada desde 2022, que ha logrado reducir los índices de homicidios en más de un 90%, según cifras oficiales. Este enfoque ha sido clave para mantener el orden y la seguridad, valores que resuenan con una parte importante de la sociedad salvadoreña.
Para las elecciones de febrero, se prevé que Bukele enfrente únicamente al candidato del partido izquierdista Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), cuya elección interna está programada para finales de julio. Cabe recordar que Bukele fue expulsado del FMLN en 2017, marcando un distanciamiento definitivo con esa fuerza política.
Este escenario político reafirma la continuidad del proyecto de Bukele, que combina reformas institucionales con un discurso de seguridad y estabilidad, elementos que han sido decisivos para su popularidad y que definirán el rumbo de El Salvador en los próximos años.
