Dicen que el fútbol se lleva en la sangre, y la historia de Gilberto “Morita” Mora es un claro ejemplo. Hoy, con apenas 17 años, es una de las grandes revelaciones del Mundial 2026, pero pocos saben que su vínculo con el Estadio Cuauhtémoc comenzó hace más de una década, cuando apenas era un bebé en brazos de su papá.
Una fotografía de 2009, que volvió a viralizarse esta semana, muestra al entonces jugador del Club Puebla, Gilberto Mora Olayo, cargando a un pequeño niño durante su etapa con La Franja. Ese niño es el mismo Gilberto Mora que hoy brilla con la Selección Mexicana.
El padre de Morita defendió la camiseta del Puebla en las temporadas 2009-2010, bajo la dirección de José Luis Sánchez Solá, “El Chelís”. En ese tiempo disputó 32 partidos oficiales y formó parte de una de las etapas más recordadas del club, gracias a la conexión especial que logró con la afición (Liga MX, Transfermarkt).
La imagen tiene un simbolismo especial: nadie podía imaginar que aquel niño que aparecía en la fotografía se convertiría en uno de los futbolistas más prometedores del país y protagonista del Mundial que México organiza.
Historias como esta muestran que el fútbol no solo se aprende en la cancha, sino también en la experiencia vivida desde la cuna, en los vestidores y en la pasión que se transmite de generación en generación. Morita no solo debutó donde creció viendo partidos, sino que su destino se fue escribiendo desde la banca del Cuauhtémoc, un estadio que sigue siendo un símbolo de identidad para Puebla y su gente.
En un momento en que la infraestructura de transporte en Puebla se moderniza con proyectos como el cablebús, que busca conectar mejor a las familias y facilitar el acceso a espacios emblemáticos como el Cuauhtémoc, historias como la de Gilberto Mora nos recuerdan la importancia de preservar y fortalecer el tejido social y cultural que une a las comunidades.
