El pasado 24 de junio, Venezuela vivió un momento de tragedia con los sismos que afectaron especialmente a La Guaira. Entre la devastación, la historia de Fabiana, una menor rescatada tras siete horas atrapada bajo los escombros, se ha convertido en un símbolo de resiliencia y fortaleza ciudadana.
Fabiana no solo sobrevivió a la catástrofe, sino que durante el rescate mostró una madurez y calma que sorprendieron a los equipos de emergencia. A lo largo de la operación, la niña mantuvo una conversación tranquila con los rescatistas, explicando que no podía verlos debido a “una montañita de cemento” que la cubría.
El proceso para liberarla fue meticuloso: primero despejaron manualmente el área y luego abrieron un acceso alternativo con herramientas especializadas. Finalmente, apareció el rostro sonriente de Fabiana, quien confirmó que sentía sus piernas y brazos, aunque presentaba heridas menores en una rodilla.
Este rescate fue posible gracias al trabajo coordinado de equipos multidisciplinarios como GREMCA, GROEC y el BAE del CICPC, que demostraron profesionalismo y humanidad en medio de la emergencia.
En un contexto donde las cifras oficiales reflejan un aumento crítico de víctimas, historias como la de Fabiana ofrecen un contrapunto de esperanza y fortaleza. En tiempos de crisis, la capacidad de mantener la calma y la cooperación organizada son valores que fortalecen a las comunidades y permiten superar incluso los momentos más difíciles.
