El pasado 31 de mayo, en el pequeño pueblo de Naupan, Puebla, un grupo de más de 25 mujeres nahuas bordaba a mano las camisetas oficiales de la selección mexicana para el Mundial, en medio de una controversia nacional que había estallado días antes.
La polémica comenzó cuando activistas mexicanos denunciaron que estas artesanas, quienes participaron en la elaboración de las prendas, eran explotadas y pagadas con salarios injustos, mientras las empresas involucradas, como Adidas y Someone Somewhere, lucraban con su trabajo y cultura. Según estas voces críticas, las mujeres recibían apenas 36 pesos por hora (2,06 dólares), una cifra por debajo del salario mínimo, y se les obligaba a abandonar sus técnicas tradicionales de bordado.
Sin embargo, tras visitar el taller en Naupan y hablar directamente con las artesanas, la realidad que emerge es distinta y ofrece una perspectiva más equilibrada. Las mujeres nahuas, quienes trabajan en un ambiente flexible y cómodo, aseguraron que el pago es justo y que valoran esta oportunidad laboral, especialmente porque les permite evitar trabajos agrícolas más duros y mal remunerados.
Algunos testimonios clave:
– Mónica Marín, de 45 años, afirmó que este trabajo es mejor que cualquier otro que haya tenido.
– Micaela Pérez, madre viuda, destacó la flexibilidad de horarios que le permite cuidar a sus hijos.
– Anabel Guzmán señaló que gracias a este empleo ha podido salir adelante con su familia.
– Edith Carballo, quien se unió tras perder su empleo en una farmacia, expresó su frustración hacia quienes critican sin conocer la realidad local.
Además, Antonio Nuño, director ejecutivo de Someone Somewhere, mostró nóminas que confirman que las artesanas reciben salarios superiores a los 36 pesos por hora, junto con bonos por eficiencia y capacitación. Por respeto a la seguridad de las mujeres, no se divulgaron cifras exactas.
Este caso pone en evidencia la complejidad de las relaciones laborales en comunidades indígenas y la importancia de escuchar directamente a quienes viven la experiencia. Más allá de la polémica, el proyecto ha generado empleo digno y visibilidad para las artesanas nahuas, un puente entre la tradición y el presente que, sin duda, merece un análisis cuidadoso y justo.
En un país donde la cultura y el trabajo artesanal son pilares fundamentales, iniciativas como esta pueden ser un motor para el desarrollo local, siempre que se mantenga el respeto y la equidad. La historia de las camisetas bordadas en Naupan es un recordatorio de que el progreso debe construirse con la voz y el bienestar de las comunidades en el centro.
