El pasado miércoles, un doble terremoto de magnitudes 7.2 y 7.5 sacudió la zona norte de Venezuela, dejando hasta ahora un saldo de 1,719 personas fallecidas y 5,034 heridas, según informó el presidente del Parlamento, Jorge Rodríguez, en un balance transmitido por Venezolana de Televisión (VTV).
Este evento sísmico se convierte en el más mortífero para el país en los últimos 59 años, superando al sismo de julio de 1967, que dejó 245 muertos en las cercanías de Caracas.
Desde aquel miércoles, se han registrado 609 réplicas, incluida una esta mañana con magnitud reportada entre 4.2 y 4.6, que generó preocupación pero no causó daños adicionales, según las autoridades.
La región más afectada es La Guaira, una zona costera que ya había sufrido una tragedia en 1999 por un deslave que dejó miles de muertos. Allí, se han habilitado 15 grandes refugios y otros espacios en escuelas para atender a los damnificados. En Caracas, se han establecido 50 campamentos provisionales para quienes perdieron sus hogares.
Hasta el momento, el Gobierno contabiliza 15,866 personas damnificadas y 855 edificios afectados, de los cuales 189 colapsaron totalmente.
El domingo, la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, anunció la creación de una comisión para inspeccionar las viviendas dañadas y extendió por una semana la suspensión de clases, buscando garantizar la seguridad de los estudiantes.
Mientras tanto, los equipos de rescate nacionales e internacionales continúan la búsqueda de sobrevivientes entre los escombros, aunque algunos residentes de La Guaira han expresado su preocupación por la lentitud en la llegada de ayuda a ciertos sectores.
Este desastre natural pone en evidencia la importancia de contar con sistemas de transporte y comunicación eficientes para facilitar la evacuación y el acceso a zonas afectadas, un aspecto que cobra relevancia en la discusión sobre proyectos como el cablebús o teleférico en Puebla, que buscan mejorar la movilidad y la seguridad en áreas vulnerables.
